¿a dónde vamos?

Decía Lewis Carroll: 'si no sabes a dónde vas, cualquier camino sirve'.
Cualquier negocio debe tener un destino, un objetivo que cumplir. Y del mismo modo sus propietarios y directivos.
Claramente, el objetivo fundamental de una Empresa es ser rentable: dar unos beneficios a sus propietarios. Pero si ese es sólo el objetivo de cualquier Empresa, ésta no tardará en darse cuenta de que ha quedado obsoleta, básicamente por estar vacía de contenido. Habrá un sinfin de Competidores que a buen seguro lo harán mejor.
Es por esto que las Empresas deben, a partir de su producto o servicio, marcar unos objetivos relacionados con éstos, siempre orientados al Cliente, que es el que al final debe estar convencido de lo que compra y por qué lo compra. Es más, éstos objetivos, al igual que los mercados en los que se mueve la Empresa, son variables con el paso del tiempo, lo cual obliga a que se revisen constantemente. No pueden ser válidos los objetivos de una Empresa cuando arranca, con los problemas de captación y fidelización de Clientes acaparando al máximo su atención, que una Empresa con 10 años de andadura, con mercados y productos consolidados, conocidos por todos, y con una cierta solvencia económica (por ejemplo). Parece obvio que se han tenido que revisar los objetivos para poder evolucionar. La filosofía de vender mucho y a todos puede no ser válida, y obliga a realizar planteamientos estratégicos para la consecución de los objetivos.
Es fundamental que una Empresa diga a dónde va, se marque una estrategia de negocio y sea consecuente con ésta para la consecución de los objetivos que se planteen.
Lo mismo ocurre con los mandos directivos de una Empresa. En función de los objetivos generales de ésta, se deben marcar sus propios objetivos personales y los de del área funcional que dirigen, así como estrategias que lleven a conseguir los logros marcados.
Esto, que parece lógico y suena a perogrullo, no se lleva a cabo con la frecuencia que debiera en las PYMES. Es mas, existe la creencia de que éstos son conceptos sólo aplicables a grandes empresas, con estructuras mucho más definidas y sólidas. Pero no es así, las Empresas (todas) deben plantearse, como una doctrina a seguir, los objetivos y las estrategias para conseguirlas, aunque sólo se trate de un documento de una sóla página.
Los empleados de las PYMES suelen ser personas que participan en el desarrollo del negocio, aportando grandes cargas de trabajo y de ilusión, y confiando en que el aseguramiento del futuro del negocio suponga el suyo propio. Es lícito que se les informe, e incluso se les haga partícipes, del rumbo a seguir, de lo que se quiere conseguir y de cómo se va a actuar para llegar a conseguirlo. No en vano, dichas personas van a formar parte del escenario que se plantea. Cuanto más involucremos a las personas de la Empresa, y más transparentes seamos, más motivación se obtiene, y más participación en las dinámicas de mejora contínua de las que hablaremos en otro momento.
Por lo tanto, una PYME necesita establecer por escrito sus objetivos y las estrategias a seguir. A partir de aquí, y dado que en cualquier Empresa existen personas, se deberán establecer los escenarios que propicien dichas estrategias, a base de cultura de empresa y un clima social de transparencia y participación que dé lugar a personas motivadas e implicadas en el negocio.
Está en manos del propietario (o propietarios) tomar la decisión a favor de estas actitudes y, si se considera necesario, recurrir a servicios externos que ayuden a su consecución.


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cultura de empresa |
03/12/2009 |
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